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maria del mar moranta

De Maria del Mar Moranta (Campos, 1980) tengo muchas referencias personales: la conozco desde pequeña, sobre todo porque su madre y mi hermana son amigas de la infancia; yo mismo compartí un tiempo de vecindad con sus padres; también conocía a sus abuelos; he disfrutado de largas conversaciones con su padre sobre fotografía (su pasión), pero también de música y otros temas… En pocas palabras, he tenido siempre con su familia una relación agradable y enriquecedora, como debería ser la propia de los pueblos de Mallorca.

Hoy, si embargo, tengo que hablar de la labor artística de Maria del Mar. Unos años atrás contacté con ella por cuestiones profesionales; desde entonces, he podido conocer a fondo su preparación y su gran oficio como restauradora de pintura. No voy a hacer ahora una exposición detallada de su extenso currículo, del cual no conozco todos los datos, aunque, solo con la información de que dispongo, ya es muy notable. Diré, en dos pinceladas, que cursó el Bachillerato artístico en la Escuela de Artes y Oficios de Palma; y en 2003 se licenció en Bellas Artes, especializada en conservación-restauración del Patrimonio Cultural, en la Universidad de Barcelona. Desde entonces ha seguido formándose, tomando parte en diversos cursos y congresos. Tiene, además, estudios complementarios de pintura, dibujo, fotografía y geometría.

En un contexto de profesionalidad, y para ir concretando, podría decir que hemos mantenido una cierta colaboración: hemos intercambiado conocimientos y experiencias hablando de técnicas y materiales. Ella, desde la formación académica y profesional; yo, desde mi experiencia más autodidacta. Puedo afirmar que me ha ayudado mucho a resolver algunos problemas técnicos con mi pintura. Espero que a ella le haya resultado tan agradable y provechoso como a mí.

De Maria del Mar quiero reivindicar dos aspectos que parece que compartimos: el gusto por el oficio y la técnica de la pintura, un valor quizá no tan importante como el talento o la inspiración, pero que es, sin duda, el camino imprescindible para la ejecución de la obra. Es pertinente recordarlo, porque en el mundo actual del arte estos valores están completamente desprestigiados.

Ahora que he podido conocer su obra primeriza, quisiera destacar algunos rasgos que me han sorprendido, sobre todo porque no son nada habituales en artistas jóvenes. Se trata de la capacidad de autocrítica –un aspecto que considero muy importante–; una gran experiencia, debida a su trabajo, de observación y análisis de la pintura; el dominio de prácticamente todas las técnicas y todos los usos de materiales; y, finalmente, unos buenos conocimientos sobre composición y uso de los espacios.

Además de estas bases tan sólidas, he podido intuir lo más importante: la capacidad y la sensibilidad para transmitir emoción, que es en definitiva el fin último del Arte. Todas las connotaciones que actualmente se acumulan alrededor de la obra artística, como por ejemplo la originalidad, la transgresión, la espontaneidad, etc., pierden su valor si no son un medio para generar tensión. Esta última cualidad creo sinceramente que la podemos encontrar en el mundo interior de Maria del Mar.

Antoni Mas
Sa Ràpita, julio 2012

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20 sa vicaria | planta 00

viernes 3 de agosto de 18:00 a 01:00 horas

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