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maria isabel vidal

El poeta John Keats escribió unos versos que, traducidos, dicen:

Cuando el paso de los años agote nuestra edad,
tienes que ver siempre las penas de los otros hombres, diciendo:
“La verdad es la belleza, y la belleza es la verdad.
Esto es todo el que podrás aprender “

Al fin y al cabo, este es la pasión última en qué todo se afana: El descubrimiento de la verdad.

Hay tantas verdades como individualidades. En el paso de los años, cada cual cruz que ha encontrado la suya. Y se imagina, que la que él ha encontrado es la cierta, mientras duda de la que ha descubierto el vecindario. 

Esta es una de las facetas de la naturaleza humana.

Unos cuántos se aferran a la religión, otras a la ciencia, otros a mil otras opciones.

Pero, todas ellas tienen en común que son creaciones del espíritu humano. No tienen nada de objetivo. Todas estas creencias son subjetivas, por lo tanto, falibles.

La verdad, si existe, tiene que ser algo objetivo, algo que existe por él mismo.

La belleza, dice Keats, acaso, es la más cierta opción.

Maria Isabel Vidal así lo entendió hace muchos de años, y a esto se ha dedicado: al estudio de la belleza, a su plasmación.

El estudio quiere decir aprender las técnicas creativas que le proporcionen el medio para transmitir aquello que inunda su espíritu. 

Ha dedicado muchos años al aprendizaje. Se trataba de ser capaz de trabajar el dibujo y el diseño de tal manera que las técnicas aprendidas pudieran ser olvidadas en el momento de plasmar su trabajo.

El lector se puede preguntar: Y, ¿cuál es su trabajo?, ¿dibujar?, ¿diseñar?

No, no es este.

Se trata de plasmar la belleza que reside en cosas tan sutiles como la sombra de una mujer o el perfume del pan. Lo dice Keats, en la belleza reside la verdad.

Este es, realmente, su pasión.

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12 can oliver 

viernes 3 de agosto de 18:00 a 01:00 horas